¿Sabías que la Navidad pasa factura a nuestra salud? Y no nos referimos sólo a la subida de peso, sino también al aumento de los niveles de colesterol. Tras aumentar la ingesta de alimentos poco saludables, beber más alcohol y reducir nuestra actividad física, es posible que tus niveles de colesterol estén por las nubes. Por eso es tan importante recuperar nuestros hábitos saludables, es decir, mantener una dieta equilibrada y realizar actividad física regular. De esta forma conseguiremos bajar los niveles de colesterol malo.
Pero ¿Por qué es tan importante vigilar el colesterol? El colesterol es una sustancia cerosa, similar a la grasa, que el cuerpo necesita para producir hormonas, vitamina D y sustancias que ayudan a digerir los alimentos El hígado produce todo el colesterol que necesitamos, aunque también lo obtenemos a través de algunos alimentos.
El colesterol viaja por la sangre unido a proteínas llamadas lipoproteínas. Por un lado, tenemos LDL (Lipoproteína de Baja Densidad), conocido popularmente como «colesterol malo». Transporta el colesterol a las arterias. Si hay un exceso, este se acumula en las paredes vasculares. Por otro lado, HDL (Lipoproteína de Alta Densidad), el «colesterol bueno«. Su función es recoger el exceso de colesterol de los tejidos y llevarlo de vuelta al hígado para su eliminación.
Cuando los niveles de colesterol en sangre están por encima de los niveles normales, generalmente superiores a 200 mg/dL, hablamos de hipercolesterolemia. Esta situación aumenta el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares graves.
Hipercolesterolemia y su riesgo para nuestra salud
Cuando los niveles de LDL son altos, el colesterol comienza a depositarse en la capa interna de las arterias. Con el tiempo, estos depósitos se combinan con otras sustancias (calcio, desechos celulares) para formar una estructura dura conocida como placa de ateroma, provocando la conocida aterosclerosis. Esta placa tiene dos efectos devastadores:
Estenosis: estrechamiento de la arteria, lo que dificulta el paso de la sangre y reduce el suministro de oxígeno a los órganos.
Trombosis: la placa puede romperse, formando un coágulo que bloquea completamente el flujo sanguíneo, desencadenando un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (Ictus).
Hipercolesterolemia, el “asesino silencioso”
Precisamente, una de las características más peligrosas de la hipercolesterolemia es que no produce síntomas visibles por sí misma. Un paciente puede tener niveles peligrosamente altos de colesterol y sentirse perfectamente sano durante años.
Los síntomas solo aparecen cuando la enfermedad ya ha avanzado y ha causado daño vascular significativo. En etapas críticas, pueden manifestarse mediante angina de pecho, xantomas, xantelasmas o arco corneal.
Dado que la mayoría de los pacientes son asintomáticos, la única forma de diagnóstico eficaz es a través de un análisis de sangre. De hecho, se recomienda empezar a realizarse controles regulares a partir de los 40 años.
Papel del cardiólogo en el control de la hipercolesterolemia
El cardiólogo tiene un papel fundamental en la prevención. Realizará una valoración del riesgo cardiovascular global. Esto significa que diferenciará entre la hipercolesterolemia común (causada por una mala alimentación, una vida sedentaria) la hipercolesterolemia familiar, una condición genética que requiere un tratamiento más específico.
También puede realizar pruebas complementarias como el Eco-Doppler carotídeo o un Score de Calcio para ver si el colesterol ya está dañando físicamente las arterias.
¡No esperes a que el cuerpo te envíe una señal de alarma! Hazte una analítica de sangre para saber tus niveles de colesterol y si, además, quieres acudir al cardiólogo porque tienes antecedentes familiares, pide cita al Dr. Ignacio Plaza Pérez en su clínica de cardiología en Madrid.


