Tras vivir unas semanas de intenso calor, es momento de recordar cómo afectan las altas temperaturas a nuestra salud cardiovascular. La mayoría de las personas asocian el peligro de las olas de calor con la deshidratación o las quemaduras solares. Sin embargo, también tienen un impacto en nuestro corazón.
A continuación, en Especialista en Cardiología, analizamos por qué el calor extremo pone en jaque a tu corazón, cuáles son las señales de alarma que no debes ignorar y cómo proteger tu salud cardiovascular de manera efectiva. ¡Protégete este julio y agosto!
¿Por qué el calor afecta al sistema cardiovascular?
Para defenderse de las altas temperaturas, el cuerpo humano activa un mecanismo de termorregulación que depende directamente del corazón. Cuando el termómetro sube, el organismo necesita disipar el calor interno para mantener la temperatura corporal en torno a los 37 °C. Esto lo logra mediante dos procesos principales:
Vasodilatación periférica. Los vasos sanguíneos de la piel se dilatan (se abren) para dirigir más sangre hacia la superficie del cuerpo y liberar calor.
Aumento de la frecuencia cardíaca. Al estar los vasos más abiertos, la presión arterial tiende a bajar de golpe. Para compensar esta caída y garantizar que el oxígeno siga llegando a los órganos vitales, el corazón se ve obligado a latir mucho más rápido y con más fuerza.
Este esfuerzo extra implica que un corazón sano debe trabajar a un ritmo significativamente mayor bajo una ola de calor. Sin embargo, si el sistema cardiovascular ya padece alguna patología previa, esta sobrecarga puede desencadenar complicaciones graves como arritmias, angina de pecho o insuficiencia cardíaca aguda.
Grupos de riesgo ¿Quiénes deben extremar las precauciones?
Cualquier persona puede sufrir las consecuencias del estrés térmico, pero existen grupos de población cuya capacidad de termorregulación está disminuida o cuyos corazones tienen menos margen de reserva:
Mayores de 65 años. Con la edad, el centro termorregulador del cerebro pierde sensibilidad, lo que disminuye la sensación de sed y ralentiza la respuesta de sudoración.
Pacientes con patologías cardíacas previas. Personas con insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica (infartos previos), hipertensión arterial o arritmias.
Personas con enfermedades crónicas. Diabéticos, pacientes con enfermedad renal crónica o EPOC.
Lactantes y niños pequeños. Su superficie corporal en relación a su peso es mayor, lo que los hace deshidratarse con mucha más rapidez.
Síntomas de alarma cardiovascular durante una ola de calor
Saber distinguir el cansancio habitual del verano de una emergencia médica puede salvar vidas. Si tú o un familiar experimentáis alguno de los siguientes síntomas bajo temperaturas elevadas, debéis buscar atención médica inmediata:
– Dolor, opresión o malestar en el pecho. Puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, cuello o mandíbula.
– Dificultad severa para respirar (disnea). Sensación de ahogo incluso estando en reposo.
– Palpitaciones persistentes. Sentir que el corazón va «a mil por hora» o late de forma caótica sin haber realizado esfuerzo físico.
– Mareos intensos, visión borrosa o desmayos (síncope). Indicadores drásticos de una bajada de tensión severa o falta de riego cerebral.
– Confusión, piel excesivamente caliente y roja, y ausencia de sudor. Signos inequívocos de un golpe de calor, una urgencia médica extrema.

Pautas de protección: hidratación, medicación y hábitos óptimos
Para disfrutar del verano sin comprometer el corazón, es fundamental adaptar nuestras rutinas diarias a las condiciones climáticas.
1️⃣Hidratación constante
La deshidratación espesa la sangre, lo que aumenta exponencialmente el riesgo de formación de trombos (coágulos) e infartos. Nuestra recomendación es:
➡️Bebe entre 2 y 2.5 litros de agua al día, incluso si no tienes sed.
➡️Si padeces insuficiencia cardíaca, la restricción de líquidos debe ser pautada al milímetro por tu cardiólogo.
➡️Evita las bebidas azucaradas, el alcohol y el exceso de cafeína, ya que actúan como diuréticos acelerando la deshidratación.
2️⃣Gestión de la medicación en verano.
Muchos fármacos cardiovasculares alteran la forma en que el cuerpo reacciona al calor. En el caso de los diuréticos, eliminan agua y sodio para bajar la presión. Pueden agravar la deshidratación en días calurosos. Los betabloqueantes frenan la frecuencia cardíaca y dificultan que el corazón aumente su ritmo para disipar el calor de forma natural. En cuanto a los Vasodilatadores / IECA, relajan los vasos sanguíneos lo que puede favorecer las bajadas de tensión (hipotensión) y mareos.
⚠️IMPORTANTE
Nunca suspendas ni modifiques las dosis de tu medicación por iniciativa propia. Si notas la tensión excesivamente baja o mareos al levantarte, acude a urgencias para que un especialista reajuste el tratamiento de forma segura durante la época estival.
3️⃣Hábitos de vida.
➡️Evita el deporte al aire libre. Restringe el ejercicio físico exterior entre las 12:00 y las 17:00 horas. Opta por las primeras horas de la mañana, las últimas horas del día o espacios climatizados.
➡️Alimentación ligera. Prioriza ensaladas, frutas ricas en agua (como la sandía o el melón) y sopas frías como el gazpacho. Las digestiones pesadas desvían gran cantidad de sangre al sistema digestivo, restándosela al resto del cuerpo.
➡️Climatización. Mantén el hogar fresco. Si no dispones de aire acondicionado, pasa las horas centrales del día en centros comerciales o espacios públicos refrigerados.
La prevención es la herramienta más potente en la medicina cardiovascular. Si buscas una segunda opinión médica o un diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del corazón, pide cita al Dr. Ignacio Plaza Pérez. Con más de 40 años ejerciendo como cardiólogo, estarás en las mejores manos.
* Este artículo ha sido redactado con fines informativos y no sustituye la consulta médica presencial. Si experimentas síntomas agudos, llama inmediatamente al 112.


