Aunque no solemos pensar en ello, nuestras arterias son conductos flexibles que transportan oxígeno y nutrientes a cada rincón del cuerpo. Sin embargo, existe un proceso degenerativo que puede poner en jaque este sistema sin que nos demos cuenta: la aterosclerosis.
Conocida popularmente como el «enemigo silencioso», esta enfermedad es la principal causa de infartos y accidentes cerebrovasculares en el mundo. Pero, ¿qué es exactamente y por qué es tan peligrosa? En Especialista en cardiología te contamos todo lo que debes saber sobre la aterosclerosis.
Aterosclerosis: qué es y cómo se forman las placas de ateroma
La aterosclerosis es una enfermedad crónica y progresiva caracterizada por la acumulación de lípidos, células inflamatorias y tejido fibroso en la pared de las arterias de mediano y gran calibre. Este proceso conduce a la formación de placas ateromatosas que estrechan la luz vascular y alteran la función endotelial, comprometiendo el flujo sanguíneo hacia órganos vitales.
Considerada la base patológica de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares —incluidas la cardiopatía isquémica, el accidente cerebrovascular y la enfermedad arterial periférica—, la aterosclerosis representa una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial.
El desarrollo de la aterosclerosis es multifactorial y se asocia con factores de riesgo modificables y no modificables, entre los que destacan la dislipidemia, la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes mellitus, la obesidad y el envejecimiento.
La identificación temprana de los factores de riesgo, junto con el desarrollo de estrategias preventivas y terapéuticas eficaces, resulta fundamental para reducir la carga global de la enfermedad cardiovascular.
¿Por qué no da síntomas?
El mayor riesgo de la aterosclerosis es su invisibilidad. El cuerpo humano es extremadamente resiliente y las arterias pueden estar obstruidas en un 50% o 60% sin que la persona sienta la menor molestia.
Los síntomas suelen aparecer sólo cuando el flujo sanguíneo es tan bajo que los órganos no reciben suficiente oxígeno, o cuando una placa de ateroma se rompe súbitamente, formando un coágulo que bloquea la arteria por completo.
Factores de riesgo: ¿Qué puedes controlar?
Para prevenir la aterosclerosis, es vital distinguir entre lo que podemos cambiar y lo que no.
Factores que NO puedes cambiar. Uno de ellos es la edad. El riesgo aumenta naturalmente con el envejecimiento. Otro es la genética, es decir, los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas prematuras.
Factores que SÍ puedes cambiar. Hablamos del tabaquismo. El tabaco daña directamente el revestimiento de las arterias. Por eso es tan importante dejar de fumar. A esto tenemos que sumar otros factores que podemos controlar como:
- Dieta y colesterol. El exceso de grasas saturadas eleva el LDL. Debes tener una alimentación saludable y equilibrada. El mejor ejemplo es la dieta mediterránea.
- Sedentarismo. La falta de ejercicio debilita el sistema vascular. Por eso se recomienda hacer ejercicio físico regular. Apúntate al gimnasio, sal a caminar todos los días, monta en bicicleta… Busca un deporte que te guste y hazlo.
- Hipertensión y diabetes. Ambas aceleran el daño en las paredes arteriales.
¿Cuándo acudir al cardiólogo?
La prevención es la única herramienta eficaz contra la aterosclerosis. No esperes a sentir dolor en el pecho, falta de aire o mareos extremos para revisar tu corazón.
Si tienes factores de riesgo como hipertensión, colesterol alto o antecedentes familiares, una valoración especializada es fundamental. Pide cita al Dr. Ignacio Plaza Pérez en su clínica de cardiología en Madrid. Con más de cuatro décadas como cardiólogo, te realizará un chequeo preventivo para saber cómo está tu corazón. Para más información, ponte en contacto con la clínica.


